La piel es nuestra tarjeta de visita y hay muchos factores que poco a poco hacen mella en ella como son el estrés, el tabaco, la polución ambiental o incluso, una alimentación o una hidratación inadecuada. 

Todo esto, unido al paso del tiempo, hace que la piel pierda su brillo y su aspecto saludable, acelerando de forma visible el envejecimiento de la piel. Por ello, para conservar la piel sana y bonita es indispensable mimarla adecuadamente.

Existen muchos tipos de piel (normal, grasa, seca, mixta y sensible) y por ende, no hay una fórmula única y universal para todas ellas. Por eso para poder cuidarla apropiadamente es fundamental conocer tu tipo de piel y así adecuar al máximo la cosmética empleada. Aún así, los cuidados básicos de la piel deberían incluir tres pasos esenciales: limpieza, tonificación e hidratación, con ligeras variantes en función de un tipo u otro de piel.

El primero de ellos, la limpieza, permite retirar las impurezas y la suciedad que se acumulan a lo largo del día en nuestro cutis, permitiendo aplicar el resto de productos sobre una piel limpia y más receptiva a los siguientes gestos. Este punto se hace máxime cuando la piel se encuentre maquillada, por lo que deberemos usar productos específicos que nos aseguren una correcta retirada del material cosmético. El agua solamente no basta, puesto que en ocasiones no es capaz de disolver la grasa y la suciedad presente en la superficie cutánea así como tampoco es conveniente el uso de jabones agresivos, como el jabón de manos, ya que pueden alterar el pH de la piel e inducir reacciones indeseadas, como irritaciones o sequedad.

Posteriormente, tonificaremos la piel aumentando así la humectación y mejorando el aspecto de los poros. Además, es un gesto que refresca, estimula la circulación sanguínea y calma la piel irritada en el caso de un frotado excesivo en el paso anterior (por el posible desmaquillado). Finalmente, con la aplicación de un agente hidratante favoreces que la piel mantenga su grado de hidratación y de humedad natural y conserve sus propiedades de barrera natural de forma intacta, protegiéndonos de las radiaciones solares, los radicales libres y demás agentes externos nocivos para la salud y belleza de la piel.

A parte de los cuidados externos básicos, no hay que olvidar que para mantener una piel sana es importante combinarlos con pautas y recomendaciones de un estilo de vida saludable, que entraña: un descanso adecuado, teniendo en cuenta que por la noche, en reposo es cuando se ponen en marcha los mecanismos de reparación celular; una alimentación equilibrada con un adecuado aporte hídrico; la realización de ejercicio físico de forma regular, que estimula la microcirculación sanguínea cutánea y permite la eliminación de toxinas; y por último, la evitación de la exposición solar, puesto que la radiación ultravioleta es una de las agresiones más importantes y más constantes de nuestra piel.

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Cuidados Básicos de tu Piel